El otro día leyendo un libro titulado "Escenas costumbristas" que suele titularse más bien "Escenas matritenses" de Ramón de Mesonero Romanos (s.XIX) di con un texto tan hilarante que me hizo recordar, una vez más, lo importante que es el sentido del humor.
Lo cierto es que cuando era más jovencita (nótese el "más") la gente jocosa me resultaba poco menos que idiota, después con el tiempo he comprendido que es justo al revés. Tal punto se evidencia especialmente en las personas de edad provecta, aquellos que han conseguido mantener dicho sentido intacto y conservan ese guiño infantil en su mirada sobrellevan mucho mejor la ancianidad que aquellos que no lo logran y obsequian al mundo con una expresión de verdadero cabreo perenne cuyo principal destinatario son ellos mismos.
Al fin y al cabo en contra de lo que pueda parecer hay que tener en cuenta que en la primera actitud hay mucho más de romanticismo, dandismo y elegancia que en la segunda. Podrá la enfermedad y la muerte arrebatarle todo a un hombre, o mujer claro, podrá la vida maltratar su existencia y quebrar su cuerpo hasta límites insospechados, pero nunca su carácter, es esa una actitud de desafío envidiable, el último baluarte, en definitiva una lección de dignidad, de soberbia si se quiere, o de sabiduría.
Si bien aquí me atrevería a distinguir entre la risa reposada y la carcajada más semejante al aullido, ésta última es más propia del esperpento extremo y me parece que anda más al servicio de la locura y el extravío que del cabal aplomo.
Por otra parte una vez alguien me dijo "al fanático se le reconoce porque no tiene sentido del humor" (recordemos a Jorge de Burgos) y hay que hacer notar que el fanatismo se solapa íntimamente y según la experiencia indica con la violencia en todas sus formas. Otro motivo más para movernos a la risa unos a otros y especialmente uno mismo hacia sí mismo.
Esta es la historia de un joven que hoy en día podría ser desde un seguidor de "Crepúsculo" hasta perteneneciente a alguna categoría como dark, darki, darketo, goth o siniestro o a ninguna de ellas (siempre he pensado que etiquetarse es otra muestra de idiotez y eso de momento sigo pensándolo), simplemente ¿quién no ha sido adolescente y se ha ataviado alguna vez de negro para recorrer cementerios y meditar de forma grave y circunspecta sobre la tragedia humana en las largas noches de soledad? Que la disfruten.
"El romanticismo y los románticos" (online)
Escenas matritenses
Ramón de Mesonero Romanos
Simancas Ediciones
ISBN: 8496528413
5 comentarios:
me gustan las reflexiones de esta entrada y estoy muy de acuerdo con ellas!
Decía mi profesor de pintura que a medida que crecemos nuestros padres y la sociedad,nos inutilizan la parte derecha del cerebro, cortándonos las alas de la creatividad y lo espontaneo, y vamos creciendo cojos, tenemos que ser serios y responsables, y todos vemos al rey vestido pues eso es lo que hay que ver para no parecer tonto.
En cuando al encasillarse en un grupo, eso nunca fue para mi, quiero tener todas las posibilidades.
Muy interesante el texto que adjuntas y lleno humor (con un punto mordaz) por los cuatro costados. Llama la atención lo que hace la pátina del tiempo con todas estas etiquetas que han definido épocas. Y muy valiente el autor por dar caña en el momento de apogeo.
En cuanto a los fanáticos (como el tal Jorge de Burgos), uno de sus peores rasgos es que, además, se creen en el derecho de ser los verdugos de todos aquellos que manifiesten sentido del humor. Es decir, no solo matan el humor en ellos mismos, sino que lo hacen en los demás.
besos
estonoesunblog me alegro que te haya gustado.
Montse seguramente cuando somos niños sabemos quienes somos y luego es fácil olvidarlo, pero yo no echaría la culpa ni a los padres ni a la sociedad, opino que esa es una tarea intransferible de cada cual.
Sí raindrop es realmente divertido, una sátira por otra parte constructiva y sí tuvo arrestos para hacer algo así en ese momento y leerlo en El Liceo.
Algo de culpa si que tienen merecidos a mi juicio los usos sociales, Sonja.
Porque, apenas recien abandonamos a empellones la infancia, se premia con el asentimiento las actitudes contenidas y serias. Al tiempo, se penalizan y escarnian las derivadas de la risa como sinónimo de ligereza, frivolidad e incluso de caracter voluble. Reir en público sin inhibiciones hará brotar miradas no siempre positivas sobre tí si eres adulto.
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